martes, 30 de enero de 2024

El fenómeno del abandono escolar, desde una perspectiva de comportamiento.

El fenómeno del abandono escolar, desde una perspectiva de comportamiento.

En Uruguay, aproximadamente uno de cada tres niños inscriptos en enseñanza secundaria no consigue terminar sus estudios. Para un país acostumbrado a exhibir altos niveles educativos y que en los últimos diez años más que triplicó su gasto en educación por estudiante, quedar algo por encima de los promedios latinoamericanos en enseñanza es un resultado a todas luces pobre.

 

Varios estudios profundizaron en la causa y naturaleza de esa situación. En particular un hallazgo llamó la atención de los investigadores: la probabilidad de que un adolescente deje sus estudios exhibe dos picos, uno a los 15 años y otro a los 18. Entre los 15 y 18 parece haber un período de relativa calma en términos de abandono liceal. (1)

El patrón de ese proceso resulta llamativo. ¿Por qué el sentimiento de los estudiantes en referencia a su educación tiene una forma de U? ¿Las materias que son enseñadas en los años que se registra más abandono son menos interesantes? ¿Son más difíciles? ¿Que causa que una decisión tan importante y con efectos de largo plazo tan profundos varíe a lo largo de la adolescencia?

 

Aunque el fenómeno de abandono en secundaria ha sido ampliamente debatido, sus causas aún resultan poco claras. El aumento del gasto en el sistema educativo no parece suficiente para solucionar el problema. A pesar del esfuerzo de los educadores, algunos chicos siguen subestimando los beneficios que obtendrán por estudiar. O al menos no sienten que la recompensa por su esfuerzo quede justificada.

Una abrumadora cantidad de datos demuestra que no es una buena decisión que un adolescente abandone sus estudios. Sin embargo, no basta recordárselos para que cambien su conducta académica.

 

Varias barreras invisibles surgen y obligan a los estudiantes a enfrentar su frustración golpeteando con una simple y potencialmente peligrosa pregunta: “¿por qué es que estoy haciendo esto?”. No parece suficiente responder “porque es importante”.

Por cierto que estar convencido de algo es una magnífica forma de motivarnos para hacer algo. Sin embargo, al ritmo de la vida estilo “pokemon-go”, el poder del deseo requiere algo de ayuda.

 

En busca de explicaciones para algunas conductas irracionales, en las últimas décadas del siglo 20, la economía ha incorporado supuestos más realistas provenientes de la psicología al modelar como los hombres tomamos decisiones.

Daniel Kahneman, psicólogo ganador del Premio Nobel de Economía en 2002, y Amos Tversky presentaron en los 70 el primer cuerpo teórico de decisiones económicas formalmente integrado que reconoce que los hombres no siempre pensamos como los teóricos en economía pretenden.

En sus influyentes papers The Framing of Decisions and the Psychology of Choice publicado en 1974, y Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases publicado en 1980, aportaron dos ideas fundacionales : (i) los hombres tenemos una forma peculiar de ponderar las probabilidades objetivas, y (ii) nuestras decisiones son sensibles a las referencias. Estos sesgos resultan suficientemente sistemáticos y consistentes como para que otro par de académicos Richard H. Thaler y Cass Sunstein propusieran una nueva herramienta de política: los nudges, o pequeños empujoncitos. (2) Los nudges son elementos de la arquitectura de decisión que ayudan proporcionando ese último envión en una dirección específica.

 

Al reconocer que otros factores además de la razón y la motivación están involucrados en nuestras decisiones, y al proponer herramientas para la construcción de políticas, la economía comportamental ofrece a los hacedores de políticas un nuevo set de herramientas. Aunque con menos actividad académica que en otros campos, algunos estudios han destacado ciertos sesgos comportamentales que están involucrados en las decisiones de educación.

 

Una breve e incompleta lista incluye: el sesgo del status quo, el sesgo presente, la disonancia cognitiva, la aversión al arrepentimiento y el temor a perderse algo.

 

Desde 2014, el Dr. Alain Samson a través del website behavioraleconomics.com publica anualmente una Guía de la Economía comportamental con un buen resumen de los recursos disponibles y el estado general de este campo de conocimiento. La guía BEGuide 2016 define el sesgo del status quo, también conocido como inercia, como la persistencia de un estado estacionario asociado con la inacción. Se hace evidente cuando las personas pasivamente terminan optando porque las cosas se mantengan, o cuando repiten una decisión previamente tomada. Todos nos sentimos inclinados a mantener nuestras rutinas. El cambio de institución académica durante la vida académica de un estudiante es una invitación implícita para cambiar otros hábitos académicos, y no necesariamente es un cambio para mejor.

 

El sesgo presente es usualmente presentado con un par de preguntas sencillas que provocan respuestas intrigantes. Ante la pregunta “¿Prefieres una barra de chocolate hoy o dos barras dentro de un mes?” o “¿Prefieres una barra de chocolate dentro de un año o dos barras dentro de un año y un mes?, las personas se manifiestan más dispuestas a esperar ese mes extra para duplicar su premio en el futuro más lejano. Este tipo de descuento (también conocido como descuento hiperbólico) no es temporalmente consistente, ni lineal ni ocurre a una tasa constante. En varios estudios con datos robustos se ha probado la prevalencia de este sesgo en edades temprana, algo que cualquier padre de un adolescente sabe: la ansiedad es la regla con los muchachos.

 

Otro concepto importante que las ciencias comportamentales han desarrollado es el de la disonancia cognitiva. La BEGuide 2016 se refiere a ella como la incómoda tensión que existe entre dos ideas o sentimientos que entran en conflicto. Las personas estamos inclinadas a reducir esa tensión cambiando nuestras creencias o acciones. Un fumador cede ante pensamiento autocomplacientes del estilo de “muchos de aquellos que fuman consiguen vivir largas vidas, por lo que fumar no debe ser tan malo”. En las mentes de los más jóvenes, las ideas sobre educación navegan en un agitado mar de sentimientos conflictivos aumentando las probabilidades de fenómenos de este tipo.

 

Finalmente, el sesgo del Miedo a Perderse Algo, parece tener especial relevancia en los adolescentes. Las redes sociales nos permiten estar conectados e interactuando con otros, pero la cantidad de información es mucho mayor a lo que en forma realista podemos absorber. El Miedo a Perderse Algo, refiere a la “insidiosa aprehensión de que otros puedan estar viviendo experiencias gratificantes de las que quedamos ausentes” (3)

 

 

Estos sesgos comportamentales se activan cuando nuestro sistema decisorio entra en el ámbito del pensamiento rápido. Varios académicos sostienen que tenemos dos sistemas para tomar decisiones, uno es lógico, consciente y controlado, y el otro es rápido inconsciente y automático. Los adolescentes dominan el arte de la “toma de decisiones rápidas”. Es el reino de las heurísticas que vienen junto con sesgos comportamentales. Nuestro cerebro está cableado para proponer atajos cuando nuestro racional se enfrenta a decisiones difíciles. A veces, estos atajos resultan extremadamente útiles y nos conducen al camino adecuado, pero a veces no.

 

Nuestro cerebro tiene una especie de librería de reacciones automáticas y cuando un estímulo se presenta demandando una rápida decisión, una de esas heurísticas es liberada. Pero, ¿cuál? ¿huimos o luchamos?. Nuestro cerebro recibe “señales” que actúan como liberadores, y las buenas nuevas es que podemos alimentar a nuestro cerebro con las adecuadas. Ahí es cuando los nudges entran en acción. De alguna forma, un nudge brinda una señal para sesgar nuestros sesgos. Un simple recordatorio de cuánto pagamos por electricidad en relación al promedio de otros consumidores termina siendo un incómodo recordatorio de cuanto más verde es el jardín de nuestro vecino, lo que nos mueve hacia una decisión inteligente.

 

En educación se han realizado algunos experimentos sobre el impacto de sesgos comportamentales. Dar un rápido retorno a los estudiantes sobre su performance, aumentar la saliencia sobre como contribuyen los estudios para construir un mejor futuro, o sutilmente cambiar las recompensas por aprobar un examen, parecen dar resultados.

 

En una inteligente y reveladora serie de experimentos, Steven Levitt, John A. List, Susan Neckerman and Sally Sadoff usaron aportes de Economía Comportamental al investigar las razones que sustentan los errores de optimización que llevan a algunos estudiantes a una sub inversión en educación. Encontraron que incentivos financieros y no financieros pueden mejorar significativamente los resultados académicos de los estudiantes. 

 


En esos experimentos los jóvenes fueron convocados para una evaluación regular, pero sin previo aviso, a una parte de ellos se les dijo que una vez terminada la prueba iban a recibir un incentivo material si obtenían una determinada calificación. El incentivo (dinero o un trofeo) solamente actuaba sobre el esfuerzo aplicado en resolver la prueba. Los conocimientos habían sido adquiridos pero el grupo con la intervención trabajó más duro y obtuvo mejores resultados. También encontraron que demorar la entrega de los premios hacía desaparecer el efecto, haciendo evidente lo importante que resulta el sesgo presente para los estudiantes.

 

“Buscar la inmediatez de las recompensas es fundamental en presencia del descuento que tienen, ya que muchos de los beneficios de la inversión en educación vienen con un gran rezago”, concluyeron en su paper. Parece ser una situación en que la oportunidad de las recompensas es más importante que su magnitud. 

 

Como Levitt y sus colegas reportan “Los estudiantes pueden no tener claro los pasos necesarios para mejorar sus logros académicos en las pruebas que tendrán en seis meses. Sin embargo, son capaces de responder efectivamente a incentivos basados en su performance en tareas intermedias como aprender la lección del día, completar su trabajo o enfocarse en los ejercicios preparatorios para las pruebas.” (4)

 

Nada es mejor que tener un propósito para movilizarnos en busca de conquistar nuestros objetivos. Nada nos impulsa más ni alimenta mejor la resiliencia necesaria para persistir en nuestro esfuerzo hasta alcanzar nuestra meta. Sin embargo, todo largo viaje se compone de pequeños pasos en apariencia poco importantes pero que pueden terminar teniendo fuertes consecuencias. Esas decisiones diarias pueden ser bastante complejas ya que los impactos de largo plazo no son fácilmente predecibles. La urgencia por decidir impone dificultades al cómputo cuidadoso y racional de los beneficios de cada alternativa, por lo que pedimos ayuda a nuestro pensamiento rápido. Y la ayuda viene, aunque al buscar la sugerencia adecuada, nuestro sistema decisorio procura señales. Dependiendo de las señales propuestas terminaremos con decisiones diferentes.

 

Enseñamos a nuestros estudiantes hechos e ideas que mejoran la calidad de sus decisiones racionales. Deberíamos también enseñarles las señales adecuadas que alimenten su “pensamiento rápido” y lo transformen en un aliado cuando enfrentan decisiones académicas. Al menos eso es lo que nuestro lado racional nos sugiere hacer.

 

 

 

 

(1) En un estudio de Gioia de Melo, Elisa Failache, y Alina Machado  titulado “Adolescentes que no asisten a Ciclo Básico: caracterización de su trayectoria académica, condiciones de vida y decisión de abandono” (Serie Documentos de Trabajo INSTITUTO DE ECONOMÍA) son presentadas algunas de las características subyacentes detrás del abandono en enseñanza secundaria de jóvenes adolescentes uruguayos basándose en datos sobre habilidades cognitivas, auto-percepción de habilidades y expectativas futuras de estudio. El estudio puede encontrarse en http://www.iecon.ccee.edu.uy/dt-04-15-adolescentes-que-no-asisten-a-ciclo-basico-caracterizacion-de-su-trayectoria-academica-condiciones-de-vida-y-decision-de-abandono/publicacion/477/es/

(2) Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness (Un Pequeño Empujon (Nudge): El Impulso Que Necesitas Para Tomar Las Mejores Decisiones En Salud, Dinero Y Felicidad) es un libro escrito por el Economista Richard H. Thaler de la Universidad de Chicago y el Profesor Cass R. Sunstein de la Harvard Law School. El libro presenta una investigación desde la psicología y la economía comportamental proponiendo una ingeniería activa de la arquitectura de decisiones. http://nudges.org

(3) El sitio Behavioraleconomics.com fue creado por el Dr. Alain Samson (investigador en la London School of Economics) y procura convertirse en la mayor red en línea en ciencias comportamentales. Publica una valiosa guía con artículos, análisis y recursos en esta materia. La quía es una lectura altamente recomendable para ganar una adecuada visión del actual tamaño y estado de la disciplina (https://www.behavioraleconomics.com).

En Latinoamérica Ana María Bianchi y Flávia Avila compilaron una Guía de Economía Comportamental y Experimental donde adicionaron valiosos trabajos y materiales de comportamentalistas braslieños (http://www.economiacomportamental.org), y Emiliano Diaz y Carlo del Valle editaron una Guía de Economía del Comportamiento que en su volumen I se centra en Políticas Públicas y es una referencia obligada en español (http://www.ecomportamiento.org).

(4) En el artículo “The behavioralist goes to school:
 leveraging behavioral economics to improve educational performance” (http://www.nber.org/papers/w18165.pdf), Steven D. Levitt, John A. List, Susanne Neckermann, and Sally Sadoff reportan los resultados de tres tipos de experimentos aplicados sobre 6800 chicos de enseñanza primaria y secundaria. Verificaron los resultados en pruebas de evaluación bajo tres condiciones diferentes: un incentivo de $10 por aprobar, uno de $20 y un premio no financiero (trofeo). Mientras que los grupos de $10 no mostraron una diferencia significativa, aquellos en la condición de $20 y los que recibían un trofeo si lo hicieron.

¿Realmente crees que te irá mejor en clases si estudias más? Si es así, quizás esta lectura no sea agradable.

 ¿Realmente crees que te irá mejor en clases si estudias más? 

Si es así, quizás esta lectura no sea agradable.

 

La economía comportamental está de moda. Sus aportes parecen abrir la puerta a interpretaciones alternativas que complementan el herramental con el que nos enfrentamos a viejos conocidos.

En particular, la educación está recibiendo últimamente mayor atención de académicos en ciencias comportamentales. Sus reflexiones se enfocaron en las decisiones de los jóvenes sobre sus estudios. Desde las pequeñas y cotidianas cosas como prestar atención en una clase, hasta aquellas más complejas como aplicar para una beca de estudios en una institución renombrada.

 

¿Cómo decidimos?

El supuesto de racionalidad económica que presupone que todos tomamos decisiones buscando lo mejor para nosotros, es un buen punto de partida para interpretar nuestras decisiones. Sin embargo no es suficiente.

Distintas investigaciones han aportado evidencia sobre la importancia que tiene en nuestro proceso decisorio factores como la dependencia de nuestras preferencias a referencias externas, la distorsión producida por la ansiedad frente a recompensas inmediatas, y el valor que damos a los estímulos no financieros.

Estos factores pueden ser tan prevalentes que llegan a inducirnos a conductas perjudiciales.

 

A mediados del siglo pasado, Herbert Simon (reconocido a fines de los 70 con el premio Nobel de economía)  postuló que nuestra capacidad de cálculo se encuentra frecuentemente condicionada por restricciones cognitivas y de tiempo en la toma de decisiones. Esas restricciones nos llevan a cometer errores estableciendo límites a nuestra racionalidad.

Otro premio Nobel, Daniel Kahneman, junto a su colega Amos Tversky aportaron evidencia sustentando la visión de que estos límites introducen errores sistemáticos en nuestras decisiones. Algunos de ellos fueron formalizados en su “Teoría de los prospectos”. Estos “sesgos comportamentales” se producen por la activación arbitraria de automatismos (“heurísticas”) que influyen en nuestra toma de decisiones. 

Richard Thaler estudió la forma en que distintos estímulos pueden activar estas “heurísticas” incentivando decisiones alineadas con nuestros intereses de largo plazo. Pequeños empujoncitos o “nudges” nos permiten inclinar las decisiones en la dirección adecuada.

 

Con estas herramientas, los teóricos de la economía comportamental, extienden una invitación para transformarnos en arquitectos del contexto en el cual las decisiones son tomadas con el propósito de mejorarlas. 

Nuestro sistema decisorio no tiene un modo “a-prueba-de-sesgos” que podamos activar cuando lidiamos con cosas importantes. Enfrentamos la decisión de levantarnos esta mañana para hacer gimnasia, con las mismas herramientas con las que decidimos si vamos a invertir nuestro dinero en reformar nuestra casa. Y aun siendo conscientes del diferente impacto a largo plazo de ambas decisiones, nos resulta difícil aislar la decisión de su contexto inmediato.

 

Si seguimos el consejo de los académicos en ciencias comportamentales, y nos transformamos en arquitectos de ese contexto, comenzamos a reconocer algunas debilidades en nuestro proceso decisorio, y podemos dejar embebidas en él pequeñas ayudas que compensen automatismos. Estos artefactos activarán automatismos positivos, fomentarán nuestro pensamiento racional, o simplemente establecerán puentes hacia decisiones que sabemos mejores y que se pondrán en acción más allá de nuestro control. (1)

 

¿Vamos a estudiar?

De estudiantes tomamos decisiones referidas a nuestra educación que pueden redundar en un deterioro de nuestro bienestar a largo plazo.

Varios comportamentalistas han estudiado la relación entre el desempeño académico de los estudiantes y los “sesgos comportamentales” involucrados en sus decisiones. Al hacerlo probaron el efecto de distinto tipo de “nudges” para mejorar el desempeño curricular.

En particular un paper del NBER de Steven D. Levitt, John A. List, Susanne Neckermann, y Sally Sadoff relata los resultados de intervenciones hechas en escuelas de Chicago (USA) relacionadas entre otros con el “sesgo presente” durante pruebas de evaluación académica. (2)

 

El sesgo presente refiere a la tendencia que tenemos a ponderar desproporcionalmente los beneficios que están más cerca en el tiempo. Esta inconsistencia se refleja en el empecinado optimismo de algunos de nosotros al momento de planear nuestra actividad deportiva matinal de la semana próxima. Llegado el momento, el calorcito de la cama conspirará con nuestro compromiso. El sacrificio se hace más presente y los beneficios más remotos.

 

Ese tipo de descuento intertemporal inconsistente fue formalizado por David Laibson en su “teoría de descuento hiperbólico” que postula que percibimos el futuro de forma no lineal. Preguntas del tipo: “¿Prefieres recibir 100 pesos hoy o 120 pesos dentro de un mes?” o “¿Prefieres recibir 100 pesos dentro de un año o 120 pesos dentro de un año y un mes?” evidencian que no es lo mismo para nosotros esperar un mes ahora para obtener una gratificación mayor, que hacerlo en un futuro distante.  Con una función de descuento hiperbólico, el valor que damos a beneficios futuros decrece muy rápidamente para pequeñas postergaciones, y lo hace más lentamente cuando son mayores. (3)

 

En su trabajo Levitt y sus coautores realizaron intervenciones con el objetivo de alterar la percepción de los estudiantes con respecto a los beneficios resultantes por aprobar una prueba. Los estudiantes exhibieron una mejora sustancial de resultados frente a incentivos financieros y no financieros de cortísimo plazo. Pero todo el poder motivador de esos incentivos, se desvanece si los premios son entregados con un rezago.

 

Concluyeron que “(…) si las recompensas inmediatas aumentan la utilidad estimada de invertir en educación, un sistema adecuadamente estructurado de recompensas externas puede potencialmente crear motivación intrínseca. Tales recompensas de corto plazo pueden resolver problemas relativos a fallas en la planificación(…) Los estudiantes pueden no dominar los pasos necesarios para mejorar sus logros en un test que tendrá lugar dentro de seis meses. Sin embargo, pueden responder efectivamente a estímulos de performance basados en tareas intermedias como aprender la lección del día, completar un deber, o enfocarse en un test de práctica.”

 

Y por casa, ¿cómo andamos?

Siguiendo estos estudios, en Setiembre de 2016 corrimos una mini versión del test de Levitt et al., en un pequeño instituto privado y laico de educación primaria y secundaria del interior de Uruguay. (4)

 

El test se hizo sobre una población muy pequeña y tuvo fundamentalmente el objetivo de verificar la recepción del cuerpo docente y de los estudiantes al experimento. 

No obstante, en el experimento se consiguió verificar parcialmente alguna de las conclusiones del estudio original. Si bien a nivel general el grupo de control y el grupo con intervención no presentaron resultados significativamente diferentes, al analizar los resultados de las pruebas en letras, se observó que el grupo con estímulo presentó un resultado 20% superior, con mayor sensibilidad en los varones.

 

Adicionalmente, si bien la investigación no incorporó un test de personalidad, la inclusión de dos preguntas referidas a la autopercepción sobre la persistencia y el propio control sobre el éxito permitió relacionar los resultados con rasgos de personalidad. En la intervención, los estudiantes que se reconocen con menor prevalencia de estas características fueron más sensibles al estímulo. La evidencia parece sugerir que las intervenciones podrían ser más efectivas en aquellas personalidades que más lo necesitan.

 

En distintos estudios en que se relacionan aspectos de personalidad y desempeño académico, se ha determinado que tanto la perseverancia (5) como las convicciones sobre el desarrollo de las competencias para obtener resultados exitosos (6) juegan un rol importante en el desempeño académico de los estudiantes.

 

¿Y entonces?

 

Mediante la reproducción experimental con intervenciones y grupos de control, la economía comportamental consigue evidencia sobre la importancia del contexto inmediato en el desempeño académico de los estudiantes. 

La receta tradicional es válida: más estudias, mejor te va. El mejor contexto no puede crear una respuesta que no fue adquirida previamente. 

 

No obstante, un contexto inadecuado puede convertir las mejores enseñanzas en tiempo perdido. El punto interesante es que el contexto ya tiene implícita una “arquitectura”. ¿Es esa una “arquitectura” que ayuda al estudiante?

 

La inclusión de pequeños artefactos en el contexto de las decisiones de los estudiantes, puede generar cambios significativos en su desempeño. Los maestros en el rol de arquitectos de contexto pueden hacer tanto por sus estudiantes como cuando enseñan una buena lección.

 

 

(1) En el artículo “Leaders as Decision Architects” John Beshears y Francesca Gino proponen un modelo para reconocer los sesgos comportamentales implícitos en nuestras decisiones y explican cómo un diseño activo del contexto que las rodea puede mejorar sustancialmente la calidad de las mismas.(https://hbr.org/2015/05/leaders-as-decision-architects)

(2) En el artículo “The behavioralist goes to school: leveraging behavioral economics to improve educational performance” (http://www.nber.org/papers/w18165.pdf), Steven D. Levitt, John A. List, Susanne Neckermann, and Sally Sadoff reportan los resultados de tres tipos de experimentos aplicados sobre 6800 jóvenes de enseñanza primaria y secundaria. 

Al analizar el puntaje sacado en la prueba concluyeron que:

1. Los estímulos económicos inmediatos y grandes provocan mejoras en los resultados, mientras que los estímulos pequeños, no.

2. Los estímulos no financieros también impactan en la performance.

3. Los estímulos presentados como pérdida o ganancia tienen impacto similar.

4. Los estímulos entregados con rezago no tienen impacto significativo.

5. Los estudiantes más jóvenes responden más a estímulos no monetarios.

6. Los tests de matemáticas fueron más sensibles que los de lectura.

7. La evidencia sugiere que los hombres son más susceptibles a estos estímulos que las mujeres.

8. Las intervenciones no tuvieron efectos relevantes sobre la performance en los exámenes tomados en fechas posteriores.

(3) En un influyente artículo de 1997 “Golden Eggs and Hyperbolic Discounting” David Laibson propone un modelo de descuento hiperbólico que ayuda a explicar problemas de inconsistencia dinámica en las decisiones de consumo. (https://www.uibk.ac.at/economics/bbl/lit_se/lit_se_ss06_papiere/laibson.pdf)

(4) Detalles de la investigación pueden encontrarse en http://razonsinrazonyce.blogspot.com.uy/2016/10/economia-comportamental-y-educacion.html

(5) Angela Duckworth en su libro “Grit. The power of Passion and Perseverance” ofrece un buen análisis de cómo la perseverancia influye en el desempeño general y académico en particular. Varios recursos referidos a este tema puden ser encontrados en el sitio http://angeladuckworth.com

(6) David Yeager ha estudiado la relación existente entre las convicciones personales sobre la capacidad de aumentar su inteligencia y las trayectorias académicas de los estudiantes. En un artículo de 2011 junto a Gregory Walton citan varios experimentos en este sentido http://schd.ws/hosted_files/dpyou2014/2a/GM.3.Social.Psychological.Interventions.Education.pdf

 

 

El poder de los feedbacks. Aportes de la economía comportamental al salón de clases.

 El poder de los feedbacks. Aportes de la economía comportamental al salón de clases.

 

¿Por qué tomamos malas decisiones?

La teoría económica tradicional trata las malas decisiones (aquellas que no redundan en una mejora de nuestro bienestar) como errores en el proceso de maximización de nuestra función de beneficio. Restricciones cognitivas o de tiempo pueden hacer que a veces no computemos en forma completa todas las alternativas, y que por tanto nos equivoquemos. Bajo este modelo, el camino para mejorar la calidad de las decisiones, será el de ganar tiempo y obtener ayuda para pensar más detenidamente sobre cada uno de los prospectos involucrados en una decisión.

 

Sin embargo, frente a la abundante evidencia de que algunos de nuestros errores son predecibles y van más allá de aspectos cognitivos, los cientistas comportamentales ensayaron una respuesta alternativa.

Daniel Kahneman, psicólogo distinguido con el premio Nobel de Economía en el año 2002, propuso que tenemos dos sistemas decisorios. Si bien la mayoría de las veces tomamos decisiones de forma lenta, lógica y consciente, a veces lo hacemos de forma automática, intuitiva e inconsciente. Al modo de pensar lógico lo llamó Sistema 2, y al automático Sistema 1.

 

Mientras que el Sistema 2 opera en forma consistente con la racionalidad económica, el Sistema 1 no sabe de funciones de bienestar, y simplemente libera reacciones que pueden no redundar en una mejora en nuestro bienestar presente ni futuro.

 

 

¿Cómo podemos mejorar las decisiones de nuestros jóvenes?

Un padre da un consejo a su hijo, un maestro explica una lección a un estudiante, y un coach da una apasionada charla a su equipo. Todos ellos tienen un objetivo: influir positivamente sobre las decisiones que tomarán esos jóvenes.

Al hacerlo pretenden actuar sobre su motivación interna. Apelan a la razón y la emoción para que el motor de las decisiones los lleve por el camino adecuado. Ponen todo su esfuerzo en el Sistema 2.

 

Sin embargo, es importante no olvidar el otro sistema decisorio. Nuestro Sistema 1 no conoce de objetivos ulteriores ni de lógicas sofisticadas. La forma en que nos propone decisiones es a partir de leer señales en el contexto y liberar conductas automáticas pre grabadas en nuestro cerebro. 

La razón y la motivación no explican el por qué de una decisión propuesta por el Sistema 1. Cuando hacemos nuestro pedido en un restaurant de comida rápida tendemos a optar por el tamaño medio, sin evaluar cuanta comida tiene el grande y cuanta el chico. Simplemente el grande se ve demasiado grande y el chico demasiado chico, y eso es suficiente para nuestra decisión. 

 

El contexto de una decisión tendrá un efecto muy poderoso sobre el resultado de la misma. Y mediante manipulaciones en él, podemos insertar disparadores que activen los automatismos adecuados para mejorar la calidad de las decisiones.

 

Las decisiones sobre educación.

Varios economistas comportamentales han realizado estudios orientados a investigar el efecto de diferentes estímulos al Sistema 1 sobre las decisiones de los jóvenes referidas a su educación.

 

En los posts “¿Realmente Crees Que Te Irá Mejor En Clases Si Estudias Más? Si Es Así, Quizás Esta Lectura No Sea Agradable.” y El Fenómeno Del Abandono Escolar, Desde Una Perspectiva De Comportamiento.”relatamos algunos de estos hallazgos. En ellos el foco estaba puesto sobre las decisiones de los jóvenes.

Pero una serie de intervenciones dirigidas a activar el Sistema 1 en el entorno familiar del estudiante han probado ser extraordinariamente efectivas.

 

Todd Rogers de Harvard y Avi Feller de Berkeley desarrollaron un ensayo de control aleatorio (RCT) con 28 mil padres en los que probaron diversos tipos de mensajes de mail con el objetivo de reducir el ausentismo escolar. El ausentismo es un punto muy sensible en la vida académica de un estudiante. Existe abundante literatura que lo relaciona con la performance académica de medio plazo, e inclusive con el uso de sustancias y el crimen. En sus intervenciones obtuvieron una reducción de 6% en las ausencias a clase y de 10% en el ausentismo crónico frente al grupo de control.

Rogers y Feller concluyeron que esta aproximación es extraordinariamente efectiva costando apenas 5 dólares por día adicional de asistencia de cada estudiante. Señalan además que es particularmente sencillo de implementar a gran escala manteniendo la esencia de la intervención.

 

Los mensajes a los padres estaban destinados a modificar las creencias erróneas con respecto al ausentismo de su hijo. Todo padre sabe de la importancia de que su hijo asista a clase, sin embargo tiende a ser autoindulgente al momento de evaluar cuantas veces permitió que su hijo falte. Al informar el total acumulado de faltas, los padres corrigieron estas creencias y se preocuparon por no aumentar el total.

Un punto interesante que levantaron fue que el hecho de comparar el ausentismo de su hijo con el promedio de la clase, no redundó en cambios significativos de comportamiento. Esto es particularmente llamativo ya que en este tipo de intervenciones, la comparación con los pares suele tener fuerte impacto.

 

En otro interesante estudio también conducido por Todd Rogers, en este caso junto a Matthew Kraft de Brown University, el foco fue puesto en la comunicación entre padres y docentes. El propósito fue el de aumentar el involucramiento de los padres en la educación de los hijos, y para ello se ensayaron dos tipos de comunicaciones vía e-mail. En la primera se enviaba información positiva del desempeño de sus hijos, y en la segunda información sobre el progreso del estudiante. El diseño del experimento tuvo particular cuidado de que los docentes no supieran cual estímulo estaba recibiendo cada grupo familiar. Los docentes escribían dos tipos de comunicaciones para cada alumno y el grupo de investigación asignaba el mensaje adecuado a cada familia.

 

El resultado para los grupos con intervención fue una reducción de 41% de la tasa de reprobación del curso, demostrándose más efectiva la intervención en la cual se informaba a los padres del progreso de los estudiantes.

 

 

La educación es probablemente de las más nobles e importantes tareas en las que los humanos nos involucramos. Dar herramientas a las próximas generaciones para que lleguen más alto está en la base de nuestro progreso como sociedad.

Sin embargo, es vital que reconozcamos que la trascendencia de la tarea no es garantía de que la misma tenga el resultado esperado. Aun estando convencidos de que en la educación está el crecimiento individual, nuestras decisiones individuales siguen estando fuertemente determinadas por nuestro pensamiento rápido. 

Al reconocer su efecto y estudiar su dinámica, la economía comportamental propone una visión complementaria para mejorar el resultado de la educación de nuestros hijos. Intervenciones baratas y fácilmente escalables sobre los muchachos y su entorno familiar, dan a los maestros y directores de colegios nuevas y eficientes herramientas. A por ellas.

 

 

En su revelador libro “Think fast and slow”, Daniel Kahneman expone con lucidez la interacción de los dos sistemas decisorios. A veces usamos nuestro Sistema 1 que es inconsciente, no demanda esfuerzo y es automático, pero otras veces usamos nuestro Sistema 2 que es deliberativo, consciente de sí mismo y controlado. Ambos son útiles y nos ayudan a tomar buenas decisiones. Sin embargo, en contextos específicos, uno de ellos funciona mucho mejor que el otro. (https://www.amazon.es/Pensar-Rápido-Despacio-ENSAYO-PSICOLOGIA/dp/8490322503/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1483018272&sr=8-1&keywords=pensar+rápido+kahneman)

 

En el post “Por qué decidimos lo que decidimos” (http://razonsinrazonyce.blogspot.com.uy/2016/02/por-que-decidimos-lo-que-decidimos.html) se presenta una breve introducción al tema de arquitectura de opción. El excelente libro de Richard Thaler (Chicago) y Cass Sunstein (Harvard) Nudge: Improving Decisions about Health, Wealth, and Happiness (Un Pequeño Empujón (Nudge): El Impulso Que Necesitas Para Tomar Las Mejores Decisiones En Salud, Dinero Y Felicidad) presenta una investigación desde la psicología y la economía comportamental proponiendo una ingeniería activa de la arquitectura de decisiones. http://nudges.org

Y en en “Beyond Nudges: Tools of a choice architecture” un grupo de académicos americanos y europeos, presentan un resumen de herramientas de “arquitectura de decisión” que están disponibles a la hora de desplegar artefactos que se integren en la presentación de alternativas para las personas.

El documento puede ser accedido en el siguiente link: http://www.anderson.ucla.edu/faculty/suzanne.shu/ML%20choice%20architecture.pdf

 

Los posts anteriores sobre educación en el blog del IMEC pueden ser accedidos en el siguiente vínculo: http://www.ecomportamiento.org/blog/?author=57c5b7226a4963c5db204dfd

 

El paper de Todd Rogers y Avi Feller “Reducing Student Absences at Scale” sobre el efecto de feedbacks dados a los padres sobre la asistencia a clases de sus hijos, puede accederse en el siguiente link: http://scholar.harvard.edu/files/todd_rogers/files/reducing.pdf?m=1456421204

 

El paper de Todd Rogers y Matthew Kraft “The Underutilized Potential of Teacher-to-Parent Communication: Evidence from a Field Experiment” sobre el efecto de distinto tipo de intervenciones destinadas a aumentar el contacto entre padres y profesores puede ser accedido en el siguiente link: https://scholar.harvard.edu/files/mkraft/files/kraft_rogers_teacher-parent_communication_hks_working_paper.pdf

 

 

 

Conclusiones

 Conclusiones

 

A través de la captura de más de 1500 respuestas obtenidas en 8 institutos entre los años 2021 y 2023 fue posible realizar una primera evaluación sobre la aplicabilidad y consistencia de 8 instrumentos que brindan mediciones sobre 5 constructos: (1) habilidades socioemocionales, (2) Identidad, (3) Big-5, (4) Apego y (5) Bienestar subjetivo.

 

Con respecto a los instrumentos de Habilidades socioemocionales:

·      Las mediciones de HSE deberían ser predictoras del desempeño académico.

·      La fuerte correlación del promedio con el Bienestar subjetivo es consistente con la idea de experiencias positivas asociadas a las percepciones positivas de actitud social, autoeficacia y autorregulación

·      Por otro lado, se observa una fuerte correlación del promedio de las HSE y de autorregulación con trazos de personalidad que se asocian con “funciones ejecutivas” (responsabilidad / conscientiousness).

·      La medición de actitud social como HSE también se asocia con el trazo de personalidad Amigabilidad lo que también resulta intuitivo.

·      Finalmente, se observa una relación significativa entre el promedio de las mediciones de HSE, y la actitud social y el instrumento de apego lo que podría capturar el efecto que el apego seguro tiene sobre el control de las emociones y algunos procesos cognitivos.

·      El instrumento parece que es válido y captura los constructos esperados.

 

Con respecto al instrumento de Identidad del estudiante:

·      La identidad del estudiante debería ser predictora de su involucramiento con el centro y su bienestar.

·      Las correlaciones presentan el signo esperado sin embargo son todas poco relevantes. 

·      Las más importantes son con bienestar subjetivo y la HSE actitud social.

·      El instrumento parece capturar factores más allá de la personalidad y aunque algunas asociaciones se esperarían más fuertes (bienestar) parece un buen candidato.

 

Con respecto al Big-5 – Responsabilidad

·      La Responsabilidad debería ser predictora de las notas.

·      Las correlaciones con el promedio de las HSE son consistentes con el desarrollo de funciones ejecutivas que el promedio de las HSE y en particular autorregulación parecen capturar.

·      También parece capturar bien el vínculo con bienestar subjetivo.

·      Con respecto a apego, el AAQ parece relacionarse con Responsabildidad medida por el TIPI pero no por el instrumento de 7 ítems.

·      El instrumento Conscientiousness parece presentar asociaciones más claras y sólidas con variables relevantes.

 

Con respecto al Big-5 – Extroversión

·      No se reportan claras asociaciones con resultados académicos

 

Con respecto al Big-5 – Amigabilidad

·      La Amigabilidad no se identifica claramente asociada con resultados académicos, aunque probablemente capture aspectos sociales relevantes en la sensación de pertenencia al centro.

·      De acuerdo con lo esperado, presenta relación con autorregulación, actitud social y el promedio de las HSE.

·      Amigabilidad medida por el TIPI es un buen candidato para medir la integración social con la comunidad.

 

Con respecto al Big-5 – Estabilidad emocional

·      La Estabilidad emocional se asocia con la capacidad de regular emociones impactando en años de permanencia en el sistema y performance académica.

·      La relación observada con bienestar, autorregulación y el promedio de habilidades emocionales es consistente con la mayor capacidad de controlar emociones y potenciar la función ejecutiva.

·      Se esperaría una relación más fuerte con apego que es un poco más marcada en el indicador elaborado a partir de preguntas del CAMIR.

·      Estabilidad emocional medida por el TIPI parece un buen candidato para medir resultados en el liceo.

 

Con respecto al Big-5 – Apertura a la experiencia

·      La Apertura a la experiencia se asocia con la inteligencia y curiosidad y se vincula con los años de permanencia en el sistema educativo.

·      La medición presenta poca correlación con otros constructos, aunque se mantiene en terreno significativo.

·      No obstante presenta una relación intuitivamente justificada con uno de los indicadores de apego (el AAQ)

·      Apertura a la experiencia medida por el TIPI resulta un poco ruidosa y no se muy claramente con otras las medidas lo que puede sugerir que un instrumento específico sería un mejor candidato.

 

Con respecto a Apego

·      El apego se asocia con la regulación emocional y el desarrollo cognitivo.

·      El AAQ se asocia con actitud social, el promedio de las HSE y Responsabilidad medida por el TIPI lo que podría reflejar la capacidad de regulación emocional y de desarrollo en la función ejecutiva.

·      El instrumento derivado del CAMIR presenta lecturas menos consistentes, aunque se asocia con los indicadores de bienestar, particularmente con el de un solo ítem.

·      El AAQ parece ser un buen candidato para estudiar el desarrollo de aspectos relevantes en la trayectoria académica.

·      La selección del CAMIR parece haber priorizado aspectos asociados con el bienestar.

 

Con respecto al Bienestar Subjetivo

·      El Bienestar subjetivo se asocia con el desempeño académico.

·      El instrumento de Warwick-Edinburgh presenta asociaciones significativas con aspectos vinculados al desarrollo de las HSE, la Estabilidad Emocional y el trazo de personalidad de responsabilidad.

·      Por su parte, el instrumento de un solo ítem parece reaccionar más a factores sociales

·      El SWEMWBS parece vincularse con mayores dimensiones asociadas a factores socioemocionales por lo que parecería ser un instrumento más estable.

·      La medición de un ítem presenta asociaciones menos fuertes.

 

En términos generales, los instrumentos se mantienen en general como candidatos a visibilizar constructos relevantes en el proceso de formación de los estudiantes.

 

 

A partir de esta primer validación los pasos siguientes implican estudiar la capacidad predictiva de estos instrumentos en relación a comportamientos académicos observables.


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