La urgencia del ya: una historia de muchos yo.
Un niño frente a una golosina en un laboratorio. Sabe que si resiste
durante 15 minutos y no la come, podrá irse a su casa con dos. Se pone de
costado, mira debajo de la mesa, canta. El tiempo pasa y victorioso se retira
con su premio: dos golosinas.
40 años después ese niño, junto con otros que pasaron por el mismo
experimento, vuelven al laboratorio. El profesor Mischel, ya en sus 80, los
recibe y conduce con su equipo un breve cuestionario. Luego de 550 entrevistas,
consiguen documentar que aquellos que de niños desarrollaron más eficazmente
estrategias para resistirse, tuvieron cuando jóvenes mejores resultados
académicos, y presentan de adultos menores índices de masa corporal y
evidencias de un mejor estado de bienestar psicológico.
Mischel, como otros psicólogos y economistas, presentó sus resultados
apoyándose en un modelo de decisiones basado en dos sistemas mentales, a los
que llamó: sistema caliente y sistema frío. Teóricos como Daniel Kahneman o
Richard Thaler apelan a formalizaciones similares.
Según ellos, nuestro sistema decisorio se ordena en base a un sistema
más intuitivo que toma decisiones rápidas, de forma inconsciente, sin
esfuerzo y automáticas, y otro sistema más lento, controlado, escéptico,
racional y que evalúa meticulosamente las consecuencias de las decisiones.
Así como los niños frente a las golosinas, buena parte de las
decisiones que tomamos a diario implican postergar una gratificación para
recoger efectos en el futuro, efectos sobre nuestros futuros yo. Posponemos
tareas asumiendo que nuestro futuro yo es alguien mucho más disciplinado y se
va a encargar de ellas.
La literatura en Economía comportamental, califica esa conducta como
una conducta perfectamente “naif” en la que las preferencias de nuestros
“futuros yo” son consistentes con nuestros deseos actuales. En oposición, están
las personas sofisticadas (o parcialmente sofisticadas) que son conscientes de
sus inconsistencias intertemporales y desarrollan estrategias para
compensarlas.
Esas inconsistencias son reflejos de lo que se conoce como sesgo
presente, fenómeno que está ampliamente estudiado experimentalmente y tiene un
buen respaldo teórico.
Richard H. Thaler de Chicago junto con Shlomo Benartzi de la UCLA
propusieron un programa para reducir ese efecto en las decisiones de ahorro de
las personas. La iniciativa se llama “Save More Tomorrow” y se basa en el
diseño de un programa que ayude a aquellos empleados que quieren ahorrar
más pero no tienen la fuerza de voluntad para hacerlo.
Usando principios que derivan de la Psicología y la Economía
comportamental, el plan da a los empleados la opción para comprometerse a aumentar
sus tasas de ahorro futuro. El truco es que en lugar de preguntar al yo
presente sobre renunciar a un consumo actual a cambio de ahorrar, se pregunta
al yo presente sobre esa opción en el futuro: “deseas dejar un 3% de tus
próximos aumentos salariales en una cuenta de ahorro?”
El sistema (alimentado por otros pequeños “nudges”) tuvo un resultado
fantástico: las tasas de ahorro simplemente se triplicaron en el curso de poco
más de dos años.
En la terminología del Prof Mischel, nuestro sistema caliente toma el
control cuando se trata de la “urgencia del ya”, y tenemos que postergar la satisfacción
por el consumo presente, pero con un poco de habilidad podemos dejar a nuestro
sistema frío actuar, y él sabe perfectamente lo que tiene que hacer.
El agente sofisticado conoce las dificultades de balancear los
sistemas y enfrenta dos posibilidades para compensar el sesgo presente: (i)
de-sesgar mediante información que le ayude a “mentalizarse” para controlar el
pensamiento rápido, o (ii) re-sesgar reconociendo la “debilidad” pero generando
mecanismos que nos comprometan y nos ayuden en la decisión (“nudges”).
Estos mecanismos de decisión asistida pueden ser tan sencillos como el
manejo inteligente de una agenda en la que colocamos nuestros objetivos de
largo plazo con la misma saliencia que la reunión que tenemos en la tarde.
Le propongo un rápido problema: Piense en un lago con camalotes. Cada
día, el campo de camalotes duplica su tamaño. Si sabe que en 48 días el lago
estará cubierto en su totalidad, cuantos días se necesitan para que el campo
cubra la mitad?
Su sistema caliente y su sistema frío pelean para dar una respuesta,
el caliente sugiere 24, el frío sospecha de una trampa y finalmente sugiere 47.
Su respuesta no será reflejo de sus habilidades computacionales, sino de sus
habilidades para balancear los dos sistemas y de los pequeños trucos que ponga
en práctica para ello.
Mi padre me aconsejó, tomate 24 horas. Mi amigo me dijo, no hagas de
emociones pasajeras decisiones permanentes. Sabios consejos para “de-sesgar”.
Por lo pronto yo ahora debo apurarme porque esta tostada con dulce de
leche tiene mi nombre escrito en ella y está absolutamente irresistible. Pero
antes, mi agenda indica que termine mi lección de neuroeconomía.
Hace más de 40 años, el psicólogo Walter Mischel (PhD actualmente
trabajando en la Universidad de Columbia) exploró el auto-control en niños con
un simple y efectivo test: el "Marshmallow test”. Muchas versiones de ese
test fueron conducidas y algunas están disponibles en la red (https://www.youtube.com/watch?v=QX_oy9614HQ)
40 años después, el Profesor Mischel volvió a reunir al grupo de niños
de sus primeros estudios, esta vez para hacer una nueva evaluación. Los
resultados se resumieron en una recomendable lectura "The Marshmallow
Test: Mastering Self-Control” que constituye la primer obra de divulgación de
este experimentado académico y un tributo a muchos investigadores que dedicaron
su vida al estudio de la gratificación postergada de la que fue pionero.
A urgência do já: uma história de muitos
eu.
Uma criança na frente de um doce num
laboratório. Elea conhece que se resiste durante 15 minutos e não o pega,
poderá retornar para sua casa com dois. Ele vira de lado, olha debaixo da mesa,
e canta. O tempo passa e vitorioso retorna com o seu prêmio: dois doces.
40 anos após essa criança, junto com
outros que passaram pelo mesmo experimento, retornam ao laboratório. O
professor Mischel, que tem agora 80 anos, os recebe e realiza com a sua equipe
um curto questionário. Após feitas 550 entrevistas, conseguem documentar que
aqueles que de crianças desenvolveram mais eficazmente estratégias para
resistir à tentação, tiveram quando jovens melhores resultados académicos, e
apresentam de adultos menores rateios de massa corporal e evidências de um
maior estado de bem-estar psicológico.
Mischel, como outros psicólogos ye
economistas, apresentou os seus resultados se apoiando num modelo de decisões
baseado em dois sistemas mentais, aos que chamou: sistema quente e sistema
frio. Teóricos como Daniel Kahneman ou Richard Thaler usaram formalizações
similares.
Segundo eles, o nosso sistema decisório
fica formado por um sistema mais intuitivo que toma decisões rápidas, de forma
inconsciente, sem esforçzo e automáticas, e um outro sistema mais lento,
controlado, cético, racional e que avalia cuidadosamente as consequências das
decisões.
Como essas crianças frente aos doce,
grande parte das decisões que tomamos diariamente envolvem adiar uma
gratificação agora para pegar os efeitos no futuro, efeitos sobre os nossos eu
do futuro. Adiamos tarefas assumindo que nosso eu do futuro é alguém muito mais
disciplinado e vai se encarregar de elas.
A literatura na Economia comportamental,
qualifica essa conduta como uma conduta perfeitamente “naif” na que as preferencias
dos nossos “eu do futuro” são consistentes com os nossos desejos atuais. No
oposto, estão as pessoas sofisticadas (ou parcialmente sofisticadas) que são
cientes das suas inconsistências intertemporais e desenvolvem estratégias para
compensar elas.
Estas inconsistências são reflexo do que é
conhecido como viés presente, fenómeno que está amplamente estudado no plano
experimental e tem um bom baseamento teórico.
Richard H. Thaler de Chicago e Shlomo
Benartzi da UCLA propuseram um programa para reduzir esse efeito nas decisões
de poupança das pessoas. A iniciativa é chamada “Save More Tomorrow” e se
baseia no desenho de um programa que ajude a aqueles empregados que desejam
aumentar a sua poupança mas não têm a força de vontade para o fazer.
Usando os princípios que vem da Psicologia
e da Economia comportamental, o plano apresentou aos empregados a opção para se
comprometerem a aumentar as taxas de poupança futura. O truque é que em vez de
perguntar ao eu do presente sobre abrir mão do consumo atual para poupar, e
feita a pergunta para o eu do presente quanto a essa decisão no futuro: “você
deseja deixar uns 3% dos seus próximos aumentos salariais numa conta de poupança?”.
O sistema (alimentado por outros pequenos
“nudges”) teve um resultado fantástico: as taxas de poupança simplesmente
triplicaram após de pouco mais de dois anos.
Na terminologia do Prof Mischel, nosso
sistema quente toma o controle quando toca uma “urgência do já”, e temos que
postergar a satisfação do consumo presente, mas ficando um pouco espertos
podemos deixar ao nosso sistema frio atuar, e ele sabe perfeitamente o que é
para ser feito.
O agente sofisticado conhece as
dificuldades de balancear os sistemas, e enfrenta duas alternativas para
compensar o viés presente: (i) des-enviesar usando informação que ajude a gerar
um estado mental para controlar o pensamento rápido, ou (ii) re-enviesar
reconhecendo a “fraqueza” mas colocando mecanismos que nos gerem compromisso e
auxiliem na decisão (“nudges”).
Esses mecanismos de decisão assistida
podem ser tão simples como a gestão inteligente de uma agenda na que colocamos
os nossos objetivos de longo prazo com a mesma saliência que fica agendada a
nossa reunião da tarde.
Vou propor para você um rápido problema:
Pense num lago com vitórias régias. Cada dia o campo de vitórias régias dobra o
seu tamanho. Se você sabe que em 48 dias o lago fica coberto na sua totalidade,
quantos dias são necessários para que o campo preencha a metade?
Os seus sistemas quente e frio brigam para
responder. O quente sugere 24. O frio suspeita de uma armadilha e finalmente
sugere 47. A sua resposta não é reflexo de suas habilidades computacionais, mas
vai vir de suas habilidades para balancear os dois sistemas e dos pequenos
truques que você consiga colocar nisso.
Meu pai aconselhou-me, pegue 24 horas. Meu
amigo falou para mim, não faça de emoções temporárias decisões permanentes.
Sábios conselhos para “desenviesar”.
Por minha parte, devo me apressar porque
esse pão tostado com doce de leite tem meu nome escrito nele e fica
absolutamente irresistível. Porém antes, meu calendário sugere que devo
terminar minha lição de neuroeconomia.
Há mais de 40 anos, o Walter Mischel (PhD
atualmente trabalhando na Universidade de Columbia) explorou o auto controle
nas crianças com um teste simples e eficaz: o "Marshmallow test”. Muitas
versões desse teste foram conduzidas e algumas estão disponíveis na internet. (https://www.youtube.com/watch?v=QX_oy9614HQ)
40 anos depois, o Profesor Mischel voltou
a reunir o grupo de crianças dos seus primeiros estudos, essa vez para fazer
uma nova avaliação. Os resultados foram resumidos numa leitura recomendável
"The Marshmallow Test: Mastering Self-Control” que é a primeira obra de
divulgação desse experimentado académico e também é um tributo a muitos
investigadores que dedicaram a sua vida ao estudo da gratificação postergada da
que foi pioneiro.
Urge for now: a story of several me’s.
A kid is in front of a piece of candy in a lab. He
knows that if he can resist for 15 minutes without grabbing it, he may go back
home with two. He turns to one side, he looks under the table, he sings. Time
goes by and he finally leaves victoriously with his prize: two candies.
40 years later that kid, along with many others that
went through the same experiment, return to the lab. Professor Mischel, now in
his 80’s, welcomes them and conducts a brief questionnaire with his team. After
550 interviews, they manage to document that those who, as kids, exhibited more
effective strategies to overcome temptation, achieved better academic results as
students, and as adults show lower body mass indexes and indications of a
better psychological welfare.
Mischel, as other psychologists and economists,
presented his results relying on a decision making model based on two mental
systems that he named: hot system and cold system. Theorists as Daniel Kahneman
or Richard Thaler used similar formulations.
According to them our decision making system, is
formed by a more intuitive subsystem that acts quickly, unconsciously,
effortlessly and in an automatic way, and another one that is slower,
controlled, sceptic, rational and that carefully evaluates the consequences of
our decisions.
As well as those kids in front of the candies, a
considerable part of our daily decisions imply delaying a gratification to
collect effects in the future; effects on our future selves. We delay tasks
assuming that our future self is a much more disciplined person and that he
will take care of them.
Behavioral economics literature, sees that behavior as
perfectly “naif” as the preferences of our “future selves” are expected to be
consistent with our current wishes. On the opposite side, there are
sophisticated people (or partially sophisticated) that are those aware of their
intertemporal inconsistencies, and who are able to develop strategies to
compensate them.
Those inconsistencies reflect what is know as present
bias, phenomena widely studied experimentally and with a good theoretical
background.
Richard H. Thaler from Chicago along with Shlomo
Benartzi from the UCLA suggested a program to reduce that effect on the saving
decisions of people. The initiative is called “Save More Tomorrow” and is based
on the design of a program that helps those employees that want to save more
but don’t have the will power to do so.
Using principles that come from Psychology and
Behavioral economics, the plan gives employees the option to commit to raising
their future saving rates. The trick is that instead of asking their present
selves to abandon some current consumption to divert those funds to savings,
they ask their present selves about doing that in the future: “would you like
to leave a 3% of your future raises in a saving account?”.
The system (fed by other small “nudges”) had a
fantastic outcome: saving rates simply tripled in less than two years.
In Prof Mischel’s terms, our hot system takes control
when it comes to an “urge for now” and we have to delay the gratification of
present consumption, but with some clever moves we may give our cold system
room to act, and it knows for sure what we have to do.
Sophisticated agents know how hard it is to balance
both systems, and they have two ways to act against present bias: (i)
de-biasing by acquiring information that helps build a “state of mind” to
control fast thinking, or (ii) re-biasing by acknowledging their “weaknesses” and
generating artifacts that act as commitment mechanisms and helps them in the
decision making (“nudges”). Those mechanisms of assisted decision making may be
as simple as the smart handling of a calendar in which we place our long term
objectives with similar saliency to our next afternoon meeting.
I invite you to solve a short: Think of a lake covered
with lily pads. Each day the field of lily pads doubles its size. If you know
that in 48 days the lake will be fully covered, how many days do you think are
needed for the lake to be covered in half?
Your hot and cold systems are fighting right now to
give you an answer. The hot system suggests 24. The cold one remains suspects
that it might be a trick question and finally it suggests 47. Your final answer
will not be the reflection of your computational skills, but of your ability to
balance both systems and the success of those little tricks you created to support
it.
My father advised me, take 24 hours. My friend
recommended, don’t let temporary emotions become permanent decisions. Very
smart tips for “de-biasing”.
Meanwhile I need to rush because this slice of bread
with “dulce de leche” has my name on it and it is simply irresistible. But
prior to that, my calendar reminds me that I need to finish my Neuroeconomics
lesson.
More than 40 years ago, psychologist Walter Mischel
(PhD currently working for University of Columbia) explored self-control in kids
with a simple yet effective test: "Marshmallow test”. Many versions of it
were made and some of them are available online (https://www.youtube.com/watch?v=QX_oy9614HQ)
40 years later, Professor Mischel reunited again with
the group of kids from his first studies, this time for a new evaluation.
Results are presented in a good read "The Marshmallow Test: Mastering
Self-Control” that is the first divulgation book of this highly experienced
academic and a tribute to many researchers that dedicated their lives to the
study of delayed gratification, field that he pioneered.