miércoles, 21 de marzo de 2018

Intervenciones - Inteligencia maleable

Efectos de diferentes tratamientos en educación

Apuntes sobre Ciencias Comportamentales y Educación II

El proceso decisorio en materias educativas

 

Adultos jóvenes y adolescentes como decisores


A lo largo de nuestra vida, nuestras competencias como decisores evolucionan. No solamente nos volvemos más capaces de comprender información compleja, sino que podemos relacionarla a nuestras propias experiencias pasadas. Desarrollamos y aprendemos herramientas que nos ayudan a lidiar con decisiones difíciles. Pero esta evolución no se produce únicamente en un nivel cognitivo (Sistema 2) sino también en un plano no-cognitivo.

Como fue señalado, los adultos tenemos preferencias regulares que nos hacen más propensos a asumir riesgos si estamos en región de pérdida que si estamos en región de ganancia. Estas preferencias contrastan con la normativa racional. En contraste, los pre-escolares parecen tratar las ganancias y las pérdidas de forma equivalente. En una serie de estudios se recogió evidencia que sustenta la visión de que los niños pueden ser más “racionales” que los adultos. (Reyna & Ellis, 1994) El razonamiento en los adultos parece estar más fuertemente mediado por los recuerdos de las características cualitativas, sugiriendo que sesgos como el de “aversión a las pérdidas” pueden ser más prominentes en la edad adulta.
Durante nuestra adolescencia pasamos por un proceso de desarrollo y evolución cognitiva que algunos estudios sugieren afecta directamente nuestro proceso decisorio en relación al riesgo. Las conductas frente al riesgo de los adolescentes no se relacionarían con una menor capacidad de estimar la probabilidad de resultados negativos sino con preferencias diferentes. (Boyer, 2006)

Las causas subyacentes en las diferencias entre los adultos y los jóvenes como decisores están abiertas a debate, pero parece claro que no es la ausencia de capacidades cognitivas, ni de información lo que puede explicar totalmente por qué, bajo la normativa de los adultos, las decisiones de los jóvenes son tan equivocadas.

La aproximación tradicional


Los logros educativos pueden verse como el resultado de la historia personal de cada estudiante y su inventario de personalidad interactuando con las restricciones y los estímulos que les propone su hogar y su escuela. En una aproximación más formal, Roland Fryer propone que la Función de Producción de Educación, para un individuo i puede definirse de la siguiente forma:

( 1 )

Donde   : son los logros académicos del individuo i, : son las experiencias de niñez del individuo i, : son los estímulos del estudiante i propuestos por su escuela, : son los estímulos del  estudiante i propuestos en su hogar, : son las “competencias sociales” del estudiante i como “grit”, resiliencia y aspectos que los psicólogos resumen dentro del modelo “Big 5”, : es un vector de precios (Fryer, 2016)
Estos determinantes gobiernan el proceso decisorio de un estudiante, promoviendo o desalentando decisiones que influenciarán los resultados de su educación.
Las “competencias sociales” son también llamadas “competencias suaves” o “competencias no cognitivas”. En un estudio de 2012 de la Universidad de Chicago, se presenta un detallado análisis de estos factores. (Farrington et al., 2012) En él se identifican cinco grandes categorías:
·      comportamientos académicos: aquellos usualmente relacionados con ser un “buen estudiante” como ir a clase o hacer las tareas domiciliarias y estudiar,
·      perseverancia académica: que describe el conjunto de conceptos psicológicos que refieren a resiliencia y auto-control que permiten mantener el foco a pesar de algunas distracciones u obstáculos,
·      mentalidad académica: que refiere al grado con el que los estudiantes se identifican con la comunidad académica y comparten algunas creencias básicas en relación a ella (“si estudio lo suficiente puedo tener éxito en obtener conocimiento que es valioso para mi”)
·      estrategias de aprendizaje: usualmente asociadas con aquellas tácticas empleadas para ayudar en las tareas cognitivas asociadas a pensar (competencias de estudio, técnicas de auto-regulación), y
·      competencias sociales: aquellas necesarias para establecer vínculos constructivos con otros miembros de la comunidad.

De acuerdo a estos dos modelos, la performance académica surge de la interacción entre influencias externas y modelos personales y ellos explican las decisiones de los estudiantes.

Las ciencias comportamentales agregan un tercer vector de elementos. Además de los estímulos “duros”, y los modelos psicológicos suaves, los comportamentalistas sugieren que el contexto que rodea cada decisión es relevante al punto en que los estudiantes pueden tomar decisiones que contradicen su futuro bienestar y su inventario de personalidad.

La aproximación comportamental.


Las conductas pueden ser fuertemente condicionadas por el contexto en formas que invalidan los determinantes tradicionales. (Dolan, Halpern, Hallsworth, King, & Vlaev, 2010) Siguiendo esta idea, podemos pensar en los estudiantes como “decisores de dos sistemas”. Pueden decidir tomando en cuenta los factores estructurales en la ecuación (1), pero a veces pueden estar simplemente determinados por el contexto.
Esto trae una nueva forma de entender los “errores” en sus procesos decisorios, y abre un nuevo set de herramientas que se relacionan con intervenciones tipo “nudge”, popularizadas por el ganador del premio Nobel de economía de 2017, Richard Thaler. (Thaler & Sunstein, 2008)


Nudges en el salón de clases


Para analizar como el contexto condiciona las decisiones de los estudiantes, resulta útil seguir el modelo MINDSPACE, que actúa como una guía mnemónica sobre los elementos del contexto que condicionan muchas de nuestras decisiones. (Dolan, et al, 2010) El acrónimo se construye con los siguientes conceptos
ü  M: Mensajero – Las personas no son neutrales a quien da el mensaje.
ü  I: Incentivos – La estructura de incentivos condiciona fuertemente la manera en que actuamos, aunque no necesariamente de la forma en que lo suponemos.
ü  N: Normas – Somos seres sociales altamente atentos a lo que indican las normas (sean ellas prescriptivas o prospectivas, sociales o impuestas)
ü  D: Opciones por Defecto – Tendemos a seguir aquello que se nos presenta como una opción previamente tomada.
ü  S: Saliencia – Somos permeables a los hechos que son saliente y nuevos para nosotros, independientemente de la real importancia que tengan para nuestra decisión
ü  P: Priming – Los humanos tendemos a estar influenciados por señales que inconscientemente activan positiva o negativamente estados mentales, que pueden no estar relacionados con nuestra decisión puntual, pero la condiciona.
ü  A: Afecto – Nuestras emociones intervienen en nuestras decisiones.
ü  E: Ego – Actuamos de formas que contribuyan a sentirnos bien sobre nosotros mismos.

Mensajero


Para tomar nuestras decisiones confiamos fuertemente en lo que otros tienen para decir. Los estudiantes no son la excepción, en particular en lo que refiere a sus pares y “anti-pares”. Los estereotipos son muy importantes durante la adolescencia, y varios estudios muestran cuanto pueden influenciar sus decisiones.
En un estudio hecho en Madagascar fue investigado el efecto de diferente formas de entregar información sobre los resultados de la educación formal. El promedio en pruebas académicas de estudiantes provenientes de hogares pobres fue más influenciado por la información entregada por mensajeros más próximos. (Nguyen, 2008) Nueva información puede cambiar decisiones de estudio, pero el efecto está altamente mediado por el mensajero.

Proximidad y autoridad son dos características que definen al mensajero adecuado, pero son variables muy sensibles a cada grupo. Una “autoridad” para un grupo de adolescentes, puede ser fácilmente vista como un “bobo” por otro. No es fácil encontrar al mensajero adecuado para los estudiantes. Los adolescentes y los adultos jóvenes son muy exigentes al elegirlos.

Tal vez es más fácil identificar quien no es un buen mensajero. Uno que, independientemente de la calidad del mensaje, puede ser incapaz de entregar un mensaje positivo a su audiencia objetivo.

Incentivos


Mucho se ha investigado sobre el efecto de incentivos al estudio. Parte de la discusión se ha centrado en el hecho de que los incentivos como “motivadores externos” pueden desplazar algunos “motivadores internos”. Hay evidencia mixta en este punto, pero en ciertos contextos, y adecuadamente acompañados, los incentivos pueden ser un elemento crucial en la formación de hábitos. Por más sobre este punto ver Lavecchia et al (2016).

En un extenso estudio que involucró más de 7000 escuelas y liceos en EEUU, se obtuvieron 8 conclusiones relevantes en referencia al efecto de los incentivos sobre la performance de estudiantes: (Levitt, List, Neckermann, & Sadoff, 2012)
1.     Incentivos económicos grandes e inmediatos pueden provocar mejoras en los resultados de las pruebas. Incentivos monetarios pequeños no tienen efecto.
2.     Incentivos no financieros también tienen impacto financiero
3.     Incentivos encuadrados como pérdidas o ganancias tienen efectos similares
4.     Gratificaciones entregadas con rezago no tienen impacto en la performance de los estudiantes.
5.     Los estudiantes más jóvenes responden más a los incentivos, especialmente a los no financieros.
6.     Los resultados de matemática son mucho más sensibles que los de lectura.
7.     Los niños responden más que las niñas.
8.     La introducción de gratificaciones no desplaza esfuerzo futuro.

Los incentivos deben su poder al efecto que tienen en alterar el balance entre esfuerzo y recompensa. Se trata de un balance particularmente desafiante cuando se aplica a decisiones de educación. Al presentar una recompensa inmediata, los estudiantes pueden ver el resultado de su esfuerzo sin tener que esperar. Este caso se evidencia en el hecho de que las gratificaciones tienen un efecto positivo, pero solamente si son inmediatos.
No obstante, este efecto tiene sus límites. Aunque los estímulos monetarios pueden ser efectivos, el género de los estudiantes, y el tipo de curso median su efecto.

Resulta aún más interesante el hecho de que los incentivos no financieros pueden tener el mismo impacto que el dinero. La literatura en economía comportamental presenta evidencia de este efecto en varios experimentos. Heyman y Ariely, usando un inteligente diseño experimental relacionado a condiciones de trabajo, consiguieron probar que mientras en los “mercados de dinero” el esfuerzo se correlaciona con el tamaño de la recompensa, en los “mercados sociales” no. (Heyman & Ariely, 2004) El potencial de los premios no monetarios en educación es alto independientemente de su “tamaño”.

Más aún, si son presentados en compañía de un poco de “ludificación”, pueden ser una herramienta muy poderosa. Coleccionar divertidos pegotines que se reciben por haber completado tareas intermedias y que pueden ser canjeados por diplomas, pueden actuar en algunos estudiantes como incentivos a su performance académica.

Normas

Las normas sociales tienen una fuerte influencia en la conducta humana. Dar información sobre el consumo de energía de los vecinos, ha tenido un efecto muy poderoso a la hora de reducir el consumo de electricidad de los hogares. Una vez que nos comparamos con algunos pares tendemos a ajustar nuestras creencias y comportamientos concretos.

Sin embargo, ¿cuáles son las normas que siguen los adolescentes? Durante nuestra adolescencia nos enfocamos en adquirir y desafiar normas sociales. Preguntas como “¿qué tipo de persona soy?, o “¿qué están haciendo otras personas como yo?” saltan en la cabeza de los jóvenes urgiendo por respuestas. Cuando somos jóvenes, nos es particularmente difícil imaginarnos como “la persona que quiero o que voy a ser”, y vernos como “aquellas personas contra las que me compararé en el futuro”. Evaluar el impacto entre las normas que nos rigen hoy y aquellas que nos regirán mañana es algo difícil en una edad temprana.

Intervenciones que procuren expandir el set de normas que los jóvenes dan por descontado puede ser una forma efectiva de influenciar su comportamiento. Un ejemplo interesante en este campo es estimular las creencias sobre que la inteligencia es maleable y los estudiantes no son “inteligentes” o “tontos” por su genética, su familia o su “barrio”. Lavecchia et al (2016) presentan diferentes experimentos realizados en este campo que tienen como objetivo las normas sociales cuestionándolas con una alternativa.

Opciones por defecto


Somos perezosos y tendemos a preferir decisiones que otros toman por nosotros. Adolescentes y adultos jóvenes no escapan a esta condición, también tienden a seguir las opciones pre seleccionadas. Los entornos menos estructurados que demandan de ellos más opciones activas, puede llevarlos a una parálisis de decisión.
A lo largo de nuestra vida nos apegamos a rutinas y muchas de nuestras buenas decisiones dependen de ellas. Cuando las rutinas fallan, nuestro buen juicio se esfuma.
Muchas intervenciones comportamentales exitosas tienen como objetivo rutinas que mantienen buenos hábitos académicos a través de mensajes de texto y recordatorios, o aplicaciones que ayudan a mantener el curso.

Se han obtenido resultados interesantes adicionando opciones por defecto y alterando las opciones padrón. Mediante manipulaciones en el proceso de inscripción en instituciones universitarias durante el liceo, se consigue que más estudiantes apliquen a becas. Estas intervenciones también provocan un aumento en las aplicaciones a universidades que no eran consideradas originalmente por errores en la autopercepción y falsos estereotipos.

Entornos de decisión más estructurados pueden ayudar a mejorar las decisiones académicas, y un cuidadoso estudio de las opciones por defecto insertas en el contexto que enfrentan los estudiantes puede remover obstáculos ocultos.

Saliencia


Daniel Kahneman lo plantea claramente en su Pensar rápido y despacio: “Nuestra mente tiene la útil capacidad de enfocarse en cualquier cosa rara, diferente o inusual”. (Kahneman, 2011)  Nuestra atención se dirige a una porción del entorno por razones aparentemente arbitrarias, y la información que contiene es integrada en nuestra decisión con un peso desproporcionado. A veces tenemos la suerte de enfocarnos en cosas relevantes, pero a veces no.

La esencia de esta fuerza comportamental descansa en como percibimos la realidad. Cuando estudiamos, el costo presente es mucho más saliente que los beneficios futuros. Esta condición puede afectar nuestra evaluación del retorno de dicha inversión. Manipular la saliencia de los beneficios presente puede ayudar en la ecuación.

Este concepto también refiere a las preocupaciones de adolescentes y jóvenes adultos con respecto a su identidad. La manipulación de la saliencia en este frente es extremamente efectiva. En un estudio de contraste mental combinado con implementación de intenciones, un grupo de estudiantes experimentó una mejora significativa en completar un repartido con ejercicios de práctica. (Duckworth, Grant, Loew, Oettingen, & Gollwitzer, 2011)
El contraste mental (elaboración mental de un deseo futuro en contraste con la realidad presente) y la implementación de intenciones (descripción concreta de cursos de acción para seguir cuando los objetivos están en riesgo) son técnicas auto regulatorias que probaron ser efectivas.

En el experimento referido, los estudiantes debían escribir dos resultados positivos asociados a completar los tests de práctica del repartido y dos obstáculos reales que se podían presentar. Subsecuentemente se les pedía que elaboraran en cada uno de los elementos (obstáculos y resultados) luego de haberlos imaginado lo más vívidamente posible. A continuación se les pedía que completen algunos planes en la forma si-entonces (“si [obstáculo], entonces [solución]”). La intervención fue hecha durante el verano, con el objetivo de la preparación de los exámenes SAT. Responder a los ejercicios tomaba 30 minutos, y dado el momento del año en que se hizo, fue impactante verificar que la intervención mejoró en un 60% la tasa de completitud del repartido. Dar saliencia a cosas que ya eran sabidas por los estudiantes (sus objetivos y posibles estrategias para superar obstáculos) activó las conductas apropiadas para para ayudarlos a obtener resultados.

Priming


El concepto refiere al hecho de que percibimos características físicas en el ambiente que terminan influenciando nuestro proceso de toma de decisiones. En La lista SALIENT Dolan y sus coautores presentaron un acrónimo de fácil recordación para los elementos agrupados en esta dimensión. (Dolan, Foy, & Smith, 2016) El mnemónico SALIENT viene de Sonido, Aire, Luz, Imagen, Ergonomía y Tinte.

No podemos dejar de escuchar a cosas que llaman nuestra atención (Sonido). La temperatura y el flujo de aire nos hace comportarnos en formas particulares (Aire). En varios estudios se ha recogido evidencia que apunta al hecho de que si olemos la esencia de un detergente al comer, nos sentimos inconscientemente obligados a limpiar más frecuentemente nuestra mesa. La fuente, brillo y color de la luz nos hace estar más inclinados a ciertos hábitos. Mientras que la luz es relacionada con conductas más éticas (Chiou & Cheng, 2013), la oscuridad parece llevarnos a ser más creativos. (Steidle & Werth, 2013) Imágenes y ergonomía también probaron tener impacto en nuestro estado de ánimo y proceso decisorio, más de lo que notamos. Finalmente, los colores (tinte) tienen un poderoso efecto de priming. Aunque la investigación no es particularmente robusta en este campo, parece que mientras el rojo aumenta nuestra performance para actividades orientadas al detalle, el azul tiene un efecto similar, pero en referencia a tareas creativas.

A través de varios experimentos, se ha establecido una relación entre lo que perciben nuestros sentidos y nuestros estados mentales y comportamientos. Sin embargo, para provocar un cambio de comportamiento vía priming, la primera pregunta debe ser: ¿es posible cambiar la mentalidad académica de los estudiantes de formas que modifiquen la performance académica? Hay evidencia clara en este aspecto, pero que sugiere una aproximación cuidadosa. (Yeager & Walton, 2011) 

Afectos


No podemos pensar sin emociones, por lo que ellas tienen fuerte presencia en nuestro proceso decisorio. En estudios relacionados con la Hipótesis de Marcadores Somáticos, presentada por el neurólogo Antonio Damasio, se recoge evidencia que apunta al hecho de que las emociones son claves para nuestro razonamiento racional. Durante nuestra vida, marcamos situaciones con sentimientos positivos o negativos. Cuando nos enfrentamos a una situación que se parece a otra que ya vivimos, nuestras emociones activan un incentivo o una alarma que precede a nuestra decisión. (Bechara & Damasio, 2005)

A lo largo del proceso decisorio experimentamos la interacción entre estos disparadores y nuestra habilidad para suprimir las emociones que etiquetamos como “no razonables”. Sin embargo, durante la adolescencia, las emociones parecen ser particularmente sensibles a señales del ambiente y tenemos menos capacidad de controlarlas. Algunas ventajas evolutivas emergen de esta sensibilidad al ambiente: (a) mayor sensibilidad a incentivos puede ayudar a los niños a abandonar la seguridad de sus hogares en busca de nuevos compañeros y recursos, y (b) mayor sensibilidad al daño puede ayudarlos a sobrevivir sin el ojo vigilante de la madre. (Casey, 2015)

En este contexto de hipersensibilidad a señales que disparan potentes emociones, los adolescentes pueden beneficiarse de ambientes designados para provocar emociones relacionadas con sus objetivos de largo plazo. (Farrington et al., 2012) Sin embargo, los detalles de dichos entornos no son fácilmente identificables.

Compromisos


Nuestro cerebro no lidia bien con el caos y la suerte. Tenemos la compulsión de ajustar narrativas que establecen relaciones de causa-efecto en fenómenos que nos rodean, especialmente en relación a nuestros actos. Nos debatimos internamente para encontrar los motivos detrás de nuestros actos hasta el punto en que ajustamos nuestros comportamientos a ellos, o adecuamos nuestras narrativas para contenerlos.

Esta característica termina encadenando nuestros comportamientos futuros a nuestro pasado. Si nuestras memorias sobre el pasado son más salientes, va a ser más difícil para nosotros cambiar. Y si hicimos un plan, nos vamos a sentir obligados a ejecutarlo. Como fue señalado anteriormente, hacer que un estudiante estructure un plan para superar obstáculos aumenta su habilidad para efectivamente hacerlo.

En un estudio publicado en 2011, un grupo de investigadores siguió a un grupo de estudiantes por tres años luego de una intervención que tenía como objetivo la transición de primaria a secundaria. El experimento fue diseñado para contribuir en la atribución de las experiencias negativas del primer año a situaciones propias de la adaptación a una nueva realidad, en lugar de a características fijas como sus grupos étnicos. Para hacerlo, usaron el efecto “decirlo es creerlo”: las personas tendemos a respaldar mensajes que entregamos.

En el experimento, se pidió a un grupo de estudiantes que escriban un ensayo y graben un mensaje en video para futuras generaciones argumentando que los tiempos difíciles de los primeros años son algo temporal y pueden ser superados. (Walton & Cohen, 2011) El ensayo y el mensaje provocaron sentimientos de compromiso en los estudiantes y resultaron en mejores sentimientos en términos de sentido de pertenencia, bienestar general y performance académica en los años siguientes. Estos efectos fueron más intensos en los estudiantes Afroamericanos. Los autores concluyeron que el constructo mental es maleable ya que muchos eventos son ambiguos y encajan en varias interpretaciones, por lo que se abre un campo de intervenciones que pueden mejorar el bienestar y la performance académica de los estudiantes.

Ego


Construimos una imagen positiva sobre nosotros mismos y pensamos de forma de mantenerla. Aspectos ya discutidos como la identidad y la consistencia son factores poderosos detrás de nuestras decisiones. Hacemos cosas para vernos más similares a quien nos gusta y definitivamente nos gusta la gente consistente y predecible.

Al hacerlo, ejercitamos en nosotros grandes dosis de control. Sin embargo, ese control es caro en términos de recursos cognitivos y nuestro poder de voluntad se desvanece si estamos cansados. Una tarea agotadora que demanda mucho auto-control (por ejemplo, memorizar 7 números) tiene efectos en nuestra capacidad de controlarnos cuando nos enfrentamos a una mesa con opciones de comida saludable o sabrosa. En un estudio enfocado en los spill-overs comportamentales, estas dinámicas fueron identificadas permitiendo caracterizar situaciones donde el costo de una actitud deseada puede ser suficientemente alto como para encender otros comportamientos no deseados que terminan generando un impacto global negativo.(Dolan & Galizzi, 2015)


Las ciencias comportamentales ofrecen nuevas herramientas para ayudar en la mejora de la performance académica de adolescentes y adultos jóvenes. El modelo MINDSPACE ayuda a proveer una ruta para desplegar un plan comprensivo sobre ellas.


Conclusiones


Luego de evaluar más de 1.200 estudios en educación, John Hattie concluyó que prácticamente la mitad de la varianza en el aprendizaje es función de lo que los estudiantes traen al salón de clase. Veinte a veinticinco por ciento está en manos de los maestros, y el resto es explicado por la escuela, el director, la casa y los amigos. (Hattie, 2015) Las políticas públicas en educación se enfocan fuertemente en aumentar la calidad de los maestros, mejorar los contenidos académicos y los locales de estudio.

Las ciencias comportamentales proponen una aproximación diferente para mejorar la performance académica. Poniendo el foco en el proceso decisorio de jóvenes adultos y adolescentes, y buscando los determinantes que pueden estar conduciendo a decisiones malas, es posible ayudar a los estudiantes a mejorar su performance académica.

Una de las llaves de esta aproximación es que las intervenciones comportamentales son extremamente baratas en comparación con los recursos involucrados en las políticas tradicionales. La creciente popularidad de esta aproximación reside en el hecho de que pueden provocar grandes efectos con cambios muy pequeños en el entorno de una decisión. Como el profesor Dilip Soman reconoce, el enfoque comportamental resuelve un problema de la “última milla”, la última milla donde la personas efectivamente enfrentamos el cruce de caminos.

En complemento a toda la inteligencia y esfuerzo que ponemos en aumentar las habilidades cognitivas de nuestros niños, los profesores pueden tomar ventaja de las técnicas que tienen como objetivo los factores no cognitivos con herramientas comportamentales.
Como Lavecchia et al (2015) señalan, hay cuatro grandes factores no cognitivos que afectan las decisiones de los estudiantes: (a) los estudiantes ponen mucho foco en el presente, (b) algunos dependen demasiado de las rutinas, (c) algunos se enfocan mucho en las identidades negativas, y (d) muy poca información y demasiadas opciones les conduce a errores.  (Lavecchia, Oreopoulos, & Liu, 2015) El modelo MINDSPACE ayuda a agrupar intervenciones que atacan esas influencias negativas.

Nuestros niños luchan al tomar decisiones difíciles en contextos difíciles. Trabajamos arduamente en mejorar sus competencias cognitivas y en darles herramientas que mejoren sus decisiones racionales. Algunos nudges en el contexto pueden ayudarlos en su última milla.



Bibliografía


Ariely, D. (2008). Predictably Irrational. New York. https://doi.org/10.2501/S1470785309200992
Bechara, A., & Damasio, A. R. (2005). The somatic marker hypothesis: A neural theory of economic decision. Games and Economic Behavior. https://doi.org/10.1016/j.geb.2004.06.010
Boyer, T. W. (2006). The development of risk-taking: A multi-perspective review. Developmental Review, 26(3), 291–345. https://doi.org/10.1016/j.dr.2006.05.002
Casey, B. J. (2015). Beyond Simple Models of Self-Control to Circuit-Based Accounts of Adolescent Behavior. Annual Review of Psychology, 66(1), 295–319. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010814-015156
Chiou, W. Bin, & Cheng, Y. Y. (2013). In broad daylight, we trust in God! Brightness, the salience of morality, and ethical behavior. Journal of Environmental Psychology, 36, 37–42. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2013.07.005
DellaVigna, S. (2009). Psychology and economics: Evidence from the field. Journal of Economic Literature, 47(2), 315–372. https://doi.org/10.1017/CBO9781107415324.004
Dolan, P., Foy, C., & Smith, S. (2016). The SALIENT Checklist: Gathering up the Ways in Which Built Environments Affect What We Do and How We Feel. Buildings, 6(1), 9. https://doi.org/10.3390/buildings6010009
Dolan, P., & Galizzi, M. M. (2015). Like ripples on a pond: Behavioral spillovers and their implications for research and policy. Journal of Economic Psychology. https://doi.org/10.1016/j.joep.2014.12.003
Dolan, P., Halpern, D., Hallsworth, M., King, D., & Vlaev, I. (2010). Influencing behaviour through public policy (Mindspace Short Guide). The Institute for Government for the Cabinet Office. https://doi.org/10.1111/j.1753-4887.2009.00206.x
Duckworth, A. L., Grant, H., Loew, B., Oettingen, G., & Gollwitzer, P. M. (2011). Self-regulation strategies improve self-discipline in adolescents: Benefits of mental contrasting and implementation intentions. Educational Psychology, 31(1), 17–26. https://doi.org/10.1080/01443410.2010.506003
Farrington, C. A., Roderick, M., Allensworth, E., Nagaoka, J., Keyes, T. S., Johnson, D. W., & Beechum, N. O. (2012). Teaching adolescents to become learners: The role of noncognitive factors in shaping school performance: A critical literature review. Chicago: University of Chicago Consortium on Chicago School Research, (June), 1–106.
Fryer, R. G. (2016). The Production of Human Capital in Developed Countries: Evidence from 196 Randomized Field Experiments *, (March). https://doi.org/10.3386/w22130
Hattie, J. (2015). The applicability of Visible Learning to higher education. Scholarship of Teaching and Learning in Psychology, 1(1), 79–91. https://doi.org/10.1037/stl0000021
Heyman, J., & Ariely, D. (2004). Effort for payment - A tale of two markets. Psychological Science. https://doi.org/10.1111/j.0956-7976.2004.00757.x
Kahneman, D. (2011). Thinking , Fast and Slow (Abstract). Book. https://doi.org/10.1007/s13398-014-0173-7.2
Kahneman, D., & Tversky, A. (1979). Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk Daniel Kahneman; Amos Tversky. Econometrica, 47(2), 263–292. https://doi.org/10.1111/j.1536-7150.2011.00774.x
Lavecchia, A. M., Liu, H., & Oreopoulos, P. (2016). Behavioral Economics of Education: Progress and Possibilities. In Handbook of the Economics of Education (Vol. 5, pp. 1–74). https://doi.org/10.1016/B978-0-444-63459-7.00001-4
Levitt, S. D., List, J. A., Neckermann, S., & Sadoff, S. (2012). The Behavioralist Goes to School : Leveraging Behavioral Economics to Improve Educational Performance The Behavioralist Goes to School : Leveraging Behavioral Economics to Improve Educational Performance. ZEW - Centre for European Economic Research Discussion, 12(38).
Nguyen, T. (2008). Information, Role Models and Perceived Returns to Education: Experimental Evidence from Madagascar. World Bank’s Gender Impact Evaluation Database, 1–51.
Reyna, V. F., & Ellis, S. C. (1994). Fuzzy-trace theory and framing effects in children’s risky decision making. Psychological Science, 5(5), 275–279. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.1994.tb00625.x
Steidle, A., & Werth, L. (2013). Freedom from constraints: Darkness and dim illumination promote creativity. Journal of Environmental Psychology, 35, 67–80. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2013.05.003
Thaler, R. H., & Sunstein, C. R. (2008). Nudge. Focus.
Tversky, A., & Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty: Heuristics and biases. Science, 185(4157), 1124–1131. https://doi.org/10.1017/CBO9780511809477.002
Walton, G. M., & Cohen, G. L. (2011). A Brief Social-Belonging Intervention Improves Academic and Health Outcomes of Minority Students. Science, 331(6023), 1447–1451. https://doi.org/10.1126/science.1198364

Yeager, D. S., & Walton, G. M. (2011). Social-Psychological Interventions in Education: They’re Not Magic. Review of Educational Research, 81(2), 267–301. https://doi.org/10.3102/0034654311405999