Introducción
The key to understanding how humans evolved and why we
are so different from other animals is to recognize that we are a cultural
species. Probably over a million years ago, members of our
evolutionary lineage began learning from each other in such a way that culture
became cumulative. That is, hunting practices, tool-making skills, tracking
know-how, and edible-plant knowledge began to improve and aggregate— by
learning from others— so that one generation could build on and hone the skills
and know-how gleaned from the previous generation.
Joseph Heinrich
(The Secret of Our Success: How Culture is Driving
Human Evolution)
Pasar nuestro conocimiento es clave para
el éxito. La evolución humana se construye en nuestra habilidad de aprender y crear
sobre los fracasos y éxitos de los que nos preceden.
Para ayudar a las nuevas generaciones en
la adquisición del conocimiento acumulado, ponemos mucha energía en desarrollar
mejores formas de entregar contenido. Padres y maestros diseñan programas, crean
métodos de evaluación y toman ventaja de la tecnología que les permite mejorar
el proceso de aprendizaje.
Sin embargo, la adquisición exitosa del
conocimiento no depende únicamente de su oferta. Los estudiantes enfrentan
muchas grandes decisiones que impactan sobre su performance académica: ¿Qué
debo aprender? ¿Qué necesito aprender primero? ¿Cuánto esfuerzo debo poner para
aprender esto?, ¿Cuánto necesito entender sobre esto? Estas y muchas otras
decisiones menos dramáticas dan forma al proceso de aprendizaje y determinan su
resultado.
En este documento, se pone el foco en los
estudiantes como tomadores de decisiones. Las Ciencias Comportamentales estudian
como tomamos decisiones los humanos combinando elementos de la psicología, las
neurociencias y la economía. Maestros y profesores pueden encontrar en los
aportes comportamentales, herramientas poderosas que ayudan a los estudiantes a
aumentar la calidad de sus decisiones y al hacerlo mejorar la performance
académica.
El documento comienza con una breve
descripción de las características de la toma de decisiones bajo la perspectiva
de las Ciencias Comportamentales. Luego explora el proceso decisorio de los
adolescentes y jóvenes adultos en relación a sus estudios. Finalmente, usando
el modelo MINDSPACE, se presentan algunas intervenciones comportamentales y se
repasan sus resultados.
¿Cómo tomamos decisiones?
Las decisiones humanas
A diario tomamos centenas de decisiones.
Fácilmente podemos recordar esas complicadas cuyos efectos cambian nuestra
vida: mudarnos de ciudad, cambiar de trabajo, o asumir nuevos compromisos en
una relación. Esas son decisiones importantes y sabemos que los son. Para
mejorar su calidad, buscamos buenas evidencias, repasamos nuestras experiencias
pasadas y buscamos ayuda en aquellos que confiamos. Como son decisiones
importantes para nuestro bienestar futuro, estamos dispuestos a aplicar una razonable
cantidad de recursos en ellas. Son decisiones caras.
Sin embargo, hay otras decisiones que
tomamos casi inadvertidamente: decidimos cuando levantarnos en la mañana, que
vestuario maximiza los dictados de moda sujetos a la proyección del clima, y
cuál es la ingesta adecuada de calorías en nuestro primer alimento del día.
Tomamos estas decisiones con menor rigor formal. Considerando que un guardarropa
promedio puede contener más de 10 mil combinaciones de ropa, elegir una
combinación que satisfaga todos los criterios, no parece una decisión poco
compleja. Sin embargo, conseguimos decidirnos en tiempo para tomar el ómnibus
que nos lleva al trabajo.
¿Qué clase de herramental tenemos que es
tan flexible como para adecuarse a decisiones tan diferentes? ¿Cómo es que a
veces entramos en procesos tan esforzados y detallados, mientras que en otros
casos conseguimos decidir en cuestión de segundos independientemente de la
complejidad del problema? Y aún más importante, ¿cómo elegimos que metodología
aplicar a una decisión específica?
Este tipo de preguntas han sido parte de
un conjunto de investigaciones que se conocen como ciencias comportamentales. Su propósito es comprender como la gente
toma sus decisiones, y al hacerlo, consigue articular una alternativa al
tradicional modelo del homo economicus.
Sin desconocer su utilidad en la
construcción modelística ni su precisión en el plano predictivo, la “lógica
racional” incluida en el modelo “homo
economicus”, evidencia problemas al explicar algunos comportamientos
observados.
Desde un punto de vista científico,
ningún modelo necesita ser completo en términos de contener todas las
posibilidades. Los modelos racionales admiten que las personas pueden cometer
errores, pero el supuesto central es que esos errores son “insesgados”. Errores
insesgados suponen que en media los desvíos son neutrales a su predicción
central.
Sin embargo, la evidencia es clara en
mostrar que el comportamiento humano no se desvía de la predicción racional de
forma no sesgada. Es posible identificar patrones en esos errores que pueden
ser modelados de forma de enriquecer las predicciones racionales, construyendo
modelos más completos y realistas sobre como los humanos tomamos decisiones.
La teoría de los dos sistemas
Daniel Kahneman fue premiado con el
Premio Nobel de Economía en el año 2002 “por
haber integrado en la ciencia económica los aportes de la investigación en
psicología, especialmente en lo que concierne a los juicios humanos y los
procesos de decisiones en condiciones de incertidumbre”. Casi 25 años
antes, Kahneman, junto a su colaborador de largos años Amos Tversky, publicó
uno de los papers más citados de todos los tiempos: Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk. (Kahneman & Tversky, 1979) Dos
psicólogos eligieron la revista Econométrica, una de los más
prestigiosos journals de economía, para entregar a la comunidad económica un
mensaje simple y algo obvio: las personas no actúan siempre en forma racional. Para
ese entonces, habían ya publicado otro paper muy influyente: Judgment under
Uncertainty: Heuristics and Biases. (Tversky & Kahneman, 1974) En
él, describieron como los humanos usamos algunos automatismos, que llamaron heurísticas,
para formar juicios en condiciones de incertidumbre. Esos automatismos son “muy
económicos y usualmente efectivos”, pero vienen con un costo, pueden “producir
errores sistemáticos y predecibles”. En ciertas condiciones, sesgan
nuestras decisiones.
Algunos años después, Kahneman presentó sus ideas
en su best seller Thinking, Fast and Slow. (Kahneman, 2011) Allí
describió nuestro proceso decisorio como una obra de dos actores: uno es el Sistema
1, que es intuitivo, no requiere esfuerzo, y opera sin nuestro control, el
otro es el Sistema 2, que demanda esfuerzo, es lógico y se vincula con
lo que usualmente llamamos inteligencia. Estos dos sistemas interactúan en
todas las decisiones que tomamos, y como Kahneman y Tversky probaron, pueden no
concordar en cuanto a cuál es la mejor decisión. Aún más, nuestro Sistema 1
puede llevarnos a situaciones que nuestro Sistema 2 identificaría sin
dudar como errores.
El Sistema 2 es compatible con la
racionalidad económica, y actuamos en forma similar cuando lo seguimos. Pero a
veces tomamos el camino que nos sugiere nuestro Sistema 1: actuamos
“irracionalmente”.
Vale destacar que irracionalidad no implica
aleatoriedad, seguimos patrones que son comandados por las heurísticas,
y al hacerlo terminamos siendo predeciblemente irracionales, como en el
título del libro de Dan Ariely (Ariely, 2008) que
sugestivamente agrega como subtítulo: las fuerzas ocultas que dan forma a
nuestras decisiones.
Como tomadores de decisiones nos involucramos en
decisiones no estandarizadas bajo la luz de nuestro Sistema 2 racional.
Preferencias, creencias, y
decisiones no estándar
Las
ciencias comportamentales parten del estudio de los errores sistemáticos de las
decisiones. DellaVigna agrupa estos errores en tres grandes categorías: (i)
preferencias no estandarizadas, (ii) creencias no estandarizadas, y (iii)
decisiones no estandarizadas. (DellaVigna,
2009).
Las preferencias
no estandarizadas refieren a los problemas de auto-control que nos llevan a una
inconsistencia inter-temporal en nuestras decisiones, a evaluar el riesgo en
relación a referencias arbitrarias, y a situaciones en que nuestras
preferencias sociales condicionan nuestras decisiones al punto de que nos
empujan a decidir contra nuestro bienestar personal.
Los
problemas de auto-control que producen inconsistencia inter-temporal, son
evidentes en el campo de los ahorros previsionales: aunque tenemos claro que
debemos ahorrar más, y sabemos cómo deben hacer nuestros amigos para hacerlo,
es algo que nos resulta muy difícil de hacer.
En un
experimento hecho en una oficina, se recabó evidencia sobre los efectos de la
inconsistencia temporal en relación a la comida. Se pidió a un conjunto de
personas que eligieran entre dos “snacks” para ser entregados una semana más
tarde, una saludable fruta, o un no tan saludable chocolate. La amplia mayoría
de las opciones apuntaron a la fruta: “mi ‘futuro-yo’ se va a beneficiar de
una saludable naranja”, parece haber indicado el Sistema 2. A la
semana siguiente, los investigadores retornaron e informaron a los
participantes que lamentablemente habían perdido sus pedidos originales, pero
que como tenían suficientes chocolates y frutas, podían elegir lo que quisieran.
Es fácil imaginar que pasó: la amplia mayoría optó por el no tan saludable
chocolate. El Sistema 1 ahora parece en control de la situación, y la
opción parece fácil: vamos a consentirnos un poco. Debido a la falta de
autocontrol, las preferencias se revirtieron. Una semana antes, la opción
saludable era la obvia, pero hoy, es una historia totalmente diferente.
Las
preferencias no estandarizadas también refieren a la dependencia de las
referencias. En su Teoría de los Prospectos, Kahneman y Tversky proponen que nos
“pesan más las pérdidas que las ganancias”. (Kahneman
& Tversky, 1979) Para evitar el dolor de perder, estamos
dispuestos a hacer más cosas que para ganar algo equivalente. Finalmente
nuestras preferencias y decisiones están influidas por nuestras creencias y
pensamientos sobre los otros. Reciprocidad, altruismo, justicia y aversión a la
inequidad son conceptos que explican muchas de nuestras decisiones personales.
Estamos dispuestos a sacrificarnos para reciprocar, o castigar a quien no haya
asumido una conducta equitativa.
Las
creencias no estandarizadas refieren a la evidencia que muestra que tenemos
problemas en tomar la realidad por lo que ella es. Hacemos suposiciones que
usamos para interpretar la realidad que nos rodea, y muchas veces ellas no son
correctas. Usualmente tenemos exceso de confianza al evaluar nuestras
habilidades, y tendemos a interpretar probabilidades de formas particulares.
Muchas veces, caemos en lo que se conoce como la “falacia del jugador” y
esperamos que patrones observados en muestras grandes también sean replicables
en las pequeñas. Por ejemplo, tendemos a ver como más probable que al lanzar
una moneda salga cara si las cinco veces anteriores salió número, aun cuando
sabemos perfectamente que cada lanzamiento es independiente del resultado
previo.
Finalmente,
las personas tendemos a exhibir procesos decisorios no estandarizados. Muchas
veces nuestra decisión no sigue un protocolo lógico. Como las ganancias y las
pérdidas son procesadas de diferentes formas, la forma en que percibimos una
situación nos hace cambiar nuestra decisión. Evaluamos situaciones basados en
estereotipos (heurística de representatividad) y usando aquello que viene más
fácilmente a nuestra memoria (heurística de disponibilidad) provocando errores
debido a la evaluación incompleta de la información relevante. La forma en que
incorporamos la información está fuertemente mediada por esos atajos mentales que
nos ayudan a evaluar rápidamente situaciones, pero pueden inducirnos a errores
“sistemáticos”.
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